“El Papa y Yo”: La historia de fe de Beatriz Monreal


“El Papa y Yo”: La historia de fe de Beatriz Monreal
En septiembre del año pasado, la periodista Beatriz Monreal debió enfrentarse a un duro diagnóstico: tenía cáncer. Pero lo que parecía ser una mala noticia fue el inicio de una historia de bendiciones que hicieron que su caso llegara hasta el Papa Francisco, en un camino de reeencuentro con Dios del que espera no apartarse más. 


Beatriz Monreal no paraba de correr. Literalmente. Con 45 años y madre de tres hijos, era una periodista que corría no sólo entre el trabajo en una empresa eléctrica y la casa con los requerimientos de los niños.

De reconocido espíritu competitivo, también se daba el tiempo de participar en competencias de trail; la última el Endurance Challenge del año pasado…

Fue en medio de esos entrenamientos -había corrido cuatro horas en los cerros el fin de semana anterior- que fue al médico por un dolor. Era septiembre de 2016 y el diagnóstico la tomó por sorpresa: cáncer de mamás.

“Cuando me detectaron el cáncer tenía un tumor ya avanzado de cuatro centímetros.
Fue un balde de agua fría, una gran sorpresa, no me cabía en mi mente, siempre dije si algo me pasa será un patatús cardíaco”, recuerda.

La noticia la encontró en un minuto de su vida en que estaba retomando su relación con la Iglesia. Cerca de los 20 años había empezado a distanciarse, después de una infancia muy cercana. “Después me alejé y no tengo la razón. Dejé de ir a misa y creo que la iglesia vivió muchas cosas que a uno como católico lo hizo cuestionarse”, reconoce.

A pesar de la mala noticia, Beatriz resalta que se propuso desde el primer minuto ganarle a la enfermedad y enfocar toda su energía en mejorarse.

“Lo más importante acá –relata- es que no nos guardamos nuestra pena. Con mi marido, con mi familia, decidí contarlo porque también creía que era sano para mis hijos y eso hizo que mucha gente se acercara  a mí para ayudarme, nunca pensé recibir tanto cariño. Así como vino el balde de agua fría vino la avalancha de cariño”.

La carta al Papa

A partir del diagnóstico, Beatriz tuvo tiempo para pensar, para acercarse de verdad a Dios. “Recuperé un montón de amigos, me contacté con un montón de familiares, de gente que por distintas razones había dejado de ver, así como había dejado de ir a la Iglesia, había dejado de estar en contacto con gente maravillosa”.

Y en medio de esa avalancha de cariño fue que recibió una llamada muy especial: un ex compañero de trabajo argentino la llamó para contarle que se aprestaba a viajar a Roma para una audiencia con el Papa Francisco. Y que aprovecharía de entregarle una carta con una petición de oraciones para varios enfermos.

 A los pocos días, su ex compañero volvió a llamarla.

“Me dice: Beatriz misión cumplida le entregue esta carta al Papa… le entregué la carta a Jorge (Bergoglio) pidiendo por ti; y me manda una foto de él con Francisco y una foto de la carta”. Yo estaba súper feliz, emocionada, era el mismo día que me habían internado, estaba en la clínica y me puse muy contenta”. 

Ha pasado un año desde que Beatriz paró su carrera a raíz de la enfermedad, pero los últimos exámenes dan cuenta que al parecer la ha vencido. Los médicos le han dicho que debe seguir tomando medicamentos por varios años más, para prevenir alguna recaída.

Ella se adelanta a decir que esto no es un milagro: “Es difícil  explicarlo, porque lo que yo quiero es invitar a la gente a entender mi historia de fe, no de milagro, porque acá no hay ningún milagro. Yo me hice mi tratamiento y sabía que con mi tratamiento me iba a mejorar, pero también sabía que tenía que mejorarme yo”.

Y lo describe así. “Fue un proceso de tres o cuatro meses y yo dije: si me voy a mejorar es porque Dios quiere y en realidad más que mejorarme lo que va a suceder es que se va a hacer la voluntad de Dios”. 

“Y si esa es su voluntad, es lo mejor, lo mejor para mí -prosigue. Y eso tengo que tomarlo con alegría, eso tengo que tomarlo con fe. Y así lo he tomado y hoy día estoy acá: nadie me ha firmado ningún papel que diga que yo estoy sana, yo por lo menos me siento sana, me siento feliz, me siento contenta, me cambió la vida”.

“Y en este proceso, no sé si estoy en la mitad, al principio o al final, lo único que espero es que esto siga. Generalmente cuando rezo le pido a Dios que no me abandone de nuevo, que no me deje ir… Disculpa que me emocione, pero él me tomó de la mano, me dijo: Beatriz te voy a ayudar, te voy a ayudar a salir adelante”.

“Me tomó de la mano y lo único que pido es que no me la suelte, que yo sea capaz de seguir cerca de él”

Tras esta experiencia, Beatriz Monreal cree que tiene que agradecerle al Papa “por ser capaz de salvar vidas” y también cree que ella tiene un rol que asumir: “contar mi experiencia y decirle a la gente que tenga Fe, con Fe una se salva, la Fe a uno lo salva.”

Y por ello resalta el valor de la visita del Papa, donde espera recibir la bendición de Francisco, aunque sea de lejos. “Estamos viviendo un momento de mucha polarización, un momento de no encontrarnos, un momento de no sé si de odiarnos, pero sí de enfrentarnos mucho entre nosotros“.

Y estoy aquí no tanto para hablar yo sino para estar cerca de ustedes, mirarlos a los ojos, para escucharlos, abrir mi corazón a vuestro testimonio de vida y de fe.

Papa Francisco, Villavicencio, Colombia septiembre 2017

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