Ser voluntario papal: un camino de confianza


Ser voluntario papal: un camino de confianza
Cuando faltan poco más de dos meses para que el Papa Francisco nos visite en Chile, miles de voluntarios se están preparando para ponerse al servicio de este encuentro memorable, y lo hacen cultivando una serie de virtudes, entre ellas, la confianza.

Por Padre Alejandro Gutiérrez Rosado

No entregamos las llaves de nuestra casa a cualquiera, las entregamos a quienes nos dan confianza o lo hacemos para generar esa confianza. Es lo que hizo Jesucristo. El Señor le dio las llaves del Reino a Pedro y esa fue una manera de generar confianza. Se produjo en ese momento una transmisión de confianzas que viaja hasta nuestros días, y que es parte del camino que hoy recorren los voluntarios papales.

Jesús le confía a Pedro una misión; Pedro la recibe confiando en Dios. Los Hechos de los Apóstoles cuentan que Pedro, confiando en el Señor, se lanza a predicar a unas tres mil almas, de las que pocas noticias tenían de Jesucristo, y el auditorio confía en su palabra y se convierte. Como se ve, se trata de un legado de confianzas que actúa como una llave que va abriendo los corazones para la recepción de un mensaje.

Esto es lo que podría ocurrir en la visita del Santo Padre a Chile. El Papa Francisco ha recibido el cargo de Pontífice confiando en la promesa del Señor de que no le faltará la gracia. Y se lanza a predicar por el mundo entero el mismo mensaje que Pedro. Ahora nos toca a nosotros escuchar su mensaje y saber transmitirlo para encender la fe de muchos otros corazones. Nos toca a los cientos de miles de peregrinos que nos acercaremos a calles, misas y encuentros, para recibirlo. Pero muy especialmente a los voluntarios papales, protagonistas de esta visita desde un lugar privilegiado: el del servicio.

¿Cuál es la actitud para que el mensaje quede y permanezca? Diría que es la confianza: unos oídos atentos con un corazón abierto. El desconfiado no escucha con atención, tergiversa las palabras; el desconfiado tiene el corazón cerrado para ciertas palabras; el desconfiado tiene prejuicios que quedan atrapados en el corazón que está cerrado tanto para entregar como para recibir un mensaje.

En cambio, el gesto de una mano abierta, tan característico del Santo Padre, puede interpretarse de muchas maneras: como el de alguien que pide o como el de quien ofrece. Si hay confianza, cualquiera de estas interpretaciones sirve. Pido al Señor que tengamos, todos nosotros, pero sobre todo el gran equipo de voluntarios papales, unos oídos atentos y un corazón abierto, para que la visita del Papa Francisco deje en nuestro país una huella que perdure.

Y estoy aquí no tanto para hablar yo sino para estar cerca de ustedes, mirarlos a los ojos, para escucharlos, abrir mi corazón a vuestro testimonio de vida y de fe.

Papa Francisco, Villavicencio, Colombia septiembre 2017

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