Capítulo 1: Francisco, el inmigrante


Capítulo 1: Francisco, el inmigrante

La “globalización de la indiferencia” fue una frase que impactó a todos en medio del primer viaje fuera de Roma del recién investido Papa latinoamericano. Aún más fuerte fue el contexto y lugar: Lampedusa, isla italiana más cercana a África que desde hace años se ha transformado en cementerio de miles de inmigrantes que naufragan intentando llegar a Europa. ¿Por qué fueron los sobrevivientes de una tragedia cotidiana los primeros en recibir su abrazo?

Por: Carmen Gloria Muñoz Villablanca

Fue su primer viaje oficial tras asumir el pontificado. Un viaje corto, en helicóptero, y ya aterrizaba el 8 de julio de 2013 en Lampedusa, la mayor de las islas del archipiélago de las Pelagias, en el mar Mediterráneo, último pedazo de tierra italiana, vecina a Sicilia pero más cercana a Túnez. Con estupor los ojos del mundo habían visto en los últimos años el drama de los inmigrantes africanos naufragando al intentar cruzar ese mar en frágiles barcazas en busca de mejor destino. Miles de vidas se han perdido en esas aguas, ante la indiferencia europea. 

Ese lunes Francisco vistió sotana morada, la que usan los sacerdotes para oficiar misas fúnebres. Subió a una embarcación de la capitanía del puerto y fue escoltado por las sirenas de los pescadores de la zona. Allí, sobre ese cementerio marino, rezó y lanzó una corona de margaritas blancas y amarillas. Lo esperaban en puerto medio centenar de inmigrantes; otros 166 habían “arribado” horas antes a la isla y se recuperaban en un centro de acogida.

Al volver a tierra, saludó, abrazó y escuchó. “Rezo por vosotros y por los que ya no están”, dijo Francisco, según escribe el periodista Javier Martinez-Brocal en el libro “El Papa de la misericordia”, Editorial Planeta, 2015, al oír a los sobrevivientes que relataban pobreza, travesías imposibles, con hambre y sed, no pocos a merced de traficantes. Luego, en la homilía, confesó que desde que supo la noticia, “desgraciadamente tantas veces repetida”, su mente volvía a ella “como a una espina en el corazón que causa dolor y sentí que tenía que venir hoy aquí a rezar”. 

Pero no sólo a orar. También a despertar conciencias, añadió después. A la pregunta de Dios ¿dónde está tu hermano?, nadie contesta, dice Francisco: “Hoy nadie en el mundo se siente responsable de esto; hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna… vemos al hermano medio muerto al borde del camino, quizás pensamos “pobrecito”, y seguimos nuestro camino, no nos compete; y con eso nos quedamos tranquilos, nos sentimos en paz. La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros… lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalización de la indiferencia”, sentenció. 

“¿Por qué ellos y no yo?

¿Por qué Francisco eligió visitar a los inmigrantes en su primer viaje papal? En una reciente charla TED (Abril de 2017), el obispo de Roma, como le gusta ser llamado, cuenta que ante la realidad de los migrantes que enfrentan tanta dificultad para acceder a un futuro mejor, a quienes terminan en la cárcel o quienes no encuentran trabajo, permanece en él la pregunta “¿por qué ellos y no yo?” y relata:

“Yo nací en una familia de migrantes. Mi papá, mis abuelos, como muchos otros italianos, partieron a la Argentina y conocieron la suerte de quien se queda sin nada. Yo también podría haber estado entre los “descartados” de hoy… por eso siempre mi corazón se pregunta por qué ellos y no yo?”

En “El Jesuita”, Vergara Editores, 2010, biografía elaborada a partir de una serie de conversaciones con el entonces Arzobispo de Buenos Aires, se conoce mejor su historia familiar. Jorge Mario Bergoglio Sivori nació el 17 de diciembre de 1936 en la capital transandina. Su padre Mario, con 24 años, llegó a Argentina en compañía de sus abuelos en enero de 1929. Provenían del norte de Italia, del Piamonte, de un pueblito llamado Portacomaro. 

Por cierto, su situación estuvo lejos de ser la misma de los migrantes africanos, sirios u otros indocumentados que buscan una tierra pacífica que los acoja para construir un nuevo hogar. El retraso en la venta de los bienes familiares en Italia, entre los que se contaba una confitería, terminaría salvando sus vidas. Y es que la familia Bergoglio tenía pasajes para venir a América en el que terminó siendo el último viaje del buque Principessa Mafalda; que se hundió en las costas brasileñas con buena parte de sus pasajeros.  

Como otros tantos, los Bergoglio huían de la empobrecida Europa de entre guerras. Tres hermanos del abuelo de Francisco vivían en Argentina desde 1922 e incluso tenían una empresa de pavimentos en Paraná, provincia de Entre Ríos. Pero luego la crisis de 1932 los obligó a vender hasta la bóveda familiar y ni los ahorros traídos desde su tierra alcanzaron. Para entonces el mayor de los Bergoglio había muerto, el menor decidió probar suerte en Brasil, el tercero partió de cero otra vez y el abuelo de Francisco consiguió prestado dos mil pesos para poner un almacén. 

Los padres de Francisco se conocieron en 1934 y como en una anticipación del destino que esperaba al primero de sus cinco hijos, fue durante una misa. Regina Sivori era hija de una piamontesa y de un argentino descendiente de genoveses y se dedicó enteramente a su crianza, mientras el marido, contador, ayudaba a su padre en el almacén repartiendo mercadería en una canasta hasta que consiguió trabajo en ferrocarriles.   

Los recuerdos de Francisco de su infancia están plagados de la nostalgia del inmigrante. De un tío/abuelo materno aprendió algo de genovés porque éste le enseñaba cánticos pícaros, “cosas irreproducibles”, hoy confiesa él. Y sobretodo de la presencia de los abuelos. Tenía poco más de un año cuando nació su segundo hermano y su abuela Rosa para ayudar lo recogía cada mañana y lo llevaba a su casa, a la vuelta de la esquina. De ellos aprendió el piamontés y debido a su relación con ellos y a la devoción que reconoce sentir por su abuela, es que el Papa rescata tanto el cuidado por los mayores, su importancia en la familia y el valor de tenerlos cerca y no “guardados en los geriátricos con tres bolitas de naftalina en los bolsillos”.

El gusto por la ópera lo aprendió de su madre, que cada sábado a las dos de la tarde sentaba a los tres hermanos mayores en torno a una radio y les explicaba los detalles del bel canto. Con su padre jugaba básquetbol en el Club San Lorenzo. Y aquello dejó su huella, hasta hoy sigue siendo el club de sus amores. De hecho, el Papa, socio número 8.235, es el hincha más famoso del equipo. 

Esta es parte de la historia de Francisco. 

El barco que finalmente trajo sanos y salvos a los Bergoglio a América se llamaba Giulio Cesare. Pero Francisco jamás olvida que pudieron haber venido en aquel que naufragó. 


 

 

¿QUIÉN ES FRANCISCO?

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Y estoy aquí no tanto para hablar yo sino para estar cerca de ustedes, mirarlos a los ojos, para escucharlos, abrir mi corazón a vuestro testimonio de vida y de fe.

Papa Francisco, Villavicencio, Colombia septiembre 2017

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