Sergio Rubin: “El único cambio en él es su extroversión, su sonrisa”


Sergio Rubin: “El único cambio en él es su extroversión, su sonrisa”
Lleva casi 25 años en el diario Clarín de Argentina y comenzó, desde joven, a perfilarse hacia el ámbito religioso. La cobertura del primer viaje de Juan Pablo II a México, y entrevistas a importantes personajes como Santa Teresa de Calcuta y al Cardenal Antonio Samoré, lo fueron confirmando en este ámbito.

El periodista argentino, Sergio Rubin, conoció al Papa en 1992, cuando era obispo auxiliar de Buenos Aires. Nueve años más tarde, junto a su colega, Francesca Ambrogetti, se acercó a él para proponerle escribir libro sobre su vida. Jorge Mario Bergoglio era “esquivo con los periodistas”, por lo que no aceptó la invitación. Volvieron a insistir en 2005, pero fue sólo dos años más tarde cuando lograron convencerlo. Así nació “El Jesuita”. “Nunca pensamos que estábamos haciendo un libro de un futuro Papa, sino simplemente el libro de una personalidad de la Iglesia Argentina que nos parecía muy interesante”, puntualizó Rubin.

En su paso por Chile, invitado a un seminario organizado por la USEC, este periodista conversó sobre las características del Pontífice, su relación con él  y su sorpresa cuando fue elegido Papa en el cónclave de 2013.

¿Qué fue en concreto lo que les llamó la atención del Cardenal como para escribir un libro sobre él, considerando que era de muy bajo perfil?

Él reunía varias cosas. Primero que tenía una personalidad muy interesante. Esto de la cercanía con la gente, de su modo austero de vivir, viajaba en colectivo, en autobús. No tenía auto con chofer, no vivía en el Palacio Arzobispal. Su pensamiento, era un pensamiento muy profundo, muy interesante. También tenía mucho de enigmático, como hablaba poco con los periodistas, muchas cosas las teníamos que suponer. Pero todo el mundo, los testimonios que había era que era una persona extraordinaria. Todo eso lo hacía una persona realmente atractiva.

¿Cuál fue la reacción de él cuando ustedes le propusieron escribir un libro?

La primera reacción, fue muy atento. Pero cuando llegamos al punto, no le gustó mucho la idea. Se quedó un poco serio. Me acuerdo que en una reunión se levantó y nos trajo una carpeta donde estaban todas sus homilías, sus discursos y nos dijo: “bueno, les doy todo esto que es todo lo que yo he dicho y hagan lo que quieran”, y Francesca le dijo “no, no es esto lo que queremos. Queremos una charla fresca, espontánea, con usted”. Y eso costó. Hasta que me acuerdo que Francesca le dijo “usted dijo alguna vez, hay que transitar la paciencia. Entonces me gustaría preguntarle qué quiso decir con eso”. Y eso fue como una expresión talismán. Porque de ahí, dice “bueno, ustedes me van a preguntar sobre eso. Bueno, está bien, empecemos y veamos si sale algo”. Cada vez que terminábamos los encuentros con él, duraban una hora y media en la mañana temprano, decía “ustedes creen que todo esto que hablamos va a servir para algo”.

¿Estrecharon algún vínculo con él durante esos dos años en los que mantuvieron las conversaciones?

Fue creciendo un vínculo personal muy lindo, una relación muy cercana. Siempre que vamos en el avión es muy afectuoso. Tenemos una relación muy linda, pero mucho más no me gusta contar porque en Argentina  todo el mundo quiere ver al Papa, unos cuantos se quieren sacar fotos, dicen que son amigos. A nosotros todas esas cosas no nos gustan. Todo lo que te puedo decir es que hemos construido una linda relación y cuando tengo ocasión, siempre es muy afectuoso. Expresa mucha cercanía. Es una persona que además conserva ese trato que tenía en Buenos Aires, de mucha cercanía, de mucha atención, la calidad humana. A veces me preguntan, dígame una cualidad de él. Por antonomasia es su humanidad. Ha tenido gestos, es una persona fantástica en ese sentido.

Hay una fotografía suya donde sale con el Cardenal Bergoglio días antes del cónclave donde fue elegido Papa. ¿En ese minuto, nada les hacía pensar que podía ser Papa?

No. Yo no lo tenía esta vez como candidato a Papa. En el 2005 se hablaba mucho que él era un papable y yo suponía que podía tener una buena performance y la tuvo,  segundo más votado después de Ratzinger. Pero ahora yo pensaba que el tiempo había pasado, tenía 76 años, para mí estaba grande, ya está, ya fue ese momento. Eso es lo que yo pensaba. Yo me acuerdo que el lunes ellos entraban a votar y el viernes yo tuve una reunión con una fuente muy importante del Vaticano y le dije que tenía que hacer la nota del domingo para el diario de los candidatos a Papa. Y  cuando terminamos de hablar yo me levanto y esta fuente me dice si no voy a poner a Bergoglio en la nota. Yo no lo tomé muy en serio y cuando salgo de la reunión digo, pucha, este tipo es una fuente importante. Entonces llamé al diario y les dije que la primera nota iba a ser de los candidatos, la nota más grande; y una segunda nota un poco más chica que diga, “se vuelve a hablar de Bergoglio como candidato”. Así salió, y el martes en la noche, día anterior a que lo eligieran, yo estaba en la Plaza de San Pedro y la conductora del noticiero de la noche me dice  “Sergio, así que vos estás diciendo que Bergoglio es otra vez candidato a Papa”. Y le digo sí, sí, y estaba muy entusiasmado, no por eso, sino que estábamos muy  embalados. Yo llevaba cuatro días trabajando… Y termina la transmisión y me quedé un poco mal por lo enfático que fui, demasiado categórico… Y si mañana o pasado eligen a otro voy a hacer medio papelón. Quedé un poco mal porque insisto, no estaba convencido. Y al otro día salió.

¿Y ahí cuál fue la reacción?

Yo tuve varias reacciones. La primera, sorpresa. La segunda, una gran alegría. Tercero, temor. Porque en ese momento la Iglesia tenía muchos problemas y él iba a tener que lidiar con muchísimos problemas. Así que estaba asustado.

Usted que conoció al Papa antes de serlo ¿hay mucha diferencia entre el arzobispo, el Cardenal y el Papa?

El único cambio en él es su extroversión, su sonrisa. Se reía muy poco públicamente en Buenos Aires. No lo era así personalmente, pero públicamente parecía una persona introvertida. Todo lo que ha demostrado, esa sonrisa, esa extroversión, no lo tenía en Buenos Aires. Todo lo demás, es decir, sus actitudes y su pensamiento, Jorge Bergoglio, sigue siendo exactamente la misma persona.

¿Por qué es bueno que el Papa nos visite?

En primer lugar, para los católicos es el Vicario de Cristo en la tierra, viene a confirmar a los católicos en la fe, a animar a las comunidades católicas, a tratar de revitalizar a la Iglesia en su vida  cotidiana, en su tarea cotidiana, en su compromiso con el Evangelio. Viene a animar en eso. Interpela al católico, qué estoy haciendo, que no, que puedo hacer mejor. Como sociedad, también todos los chilenos. Viene a invitarlos a ser más solidarios, a construir una patria más unida. Yo lo que creo es que en la sociedad hoy en día, hay sectores que no valoran lo religioso. Entonces, se hace un poquito incomprensible entender.

*Imagen: Catholic News Agency

Y estoy aquí no tanto para hablar yo sino para estar cerca de ustedes, mirarlos a los ojos, para escucharlos, abrir mi corazón a vuestro testimonio de vida y de fe.

Papa Francisco, Villavicencio, Colombia septiembre 2017

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