Capítulo 3: Bergoglio, el novicio


Capítulo 3: Bergoglio, el novicio
Aunque la decisión de consagrarse a la vida religiosa la tomó antes de los 17, el Papa Francisco tuvo que esperar todavía unos años y superar una grave pulmonía, antes de ingresar al seminario. Su formación con los jesuitas incluyó una etapa en Chile y un tiempo como maestro de literatura y psicología, antes de ordenarse sacerdote a los 33 años. 

Por Carmen Gloria Muñoz V.

La vida del joven Jorge Mario Bergoglio, como la de cualquier chico de su edad, incluyó también fiestas y una novia. Con sus amigos salían a bailar y ella integraba aquel grupo. En la serie biográfica de Netflix, “Llámame Francisco”, 2016, hay algunas escenas que muestran esa tierna etapa. Pero como recoge bien la realización y él mismo lo cuenta en el libro “El Jesuita”, Ediciones Vergara, 2010, el noviazgo finalizó muy pronto cuando descubrió su vocación religiosa. 

A pesar de que tomó la decisión rondando los 17 años, sus padres se enteraron un tiempo después y recién “abrieron su corazón” a la posibilidad del seminario en diciembre de 1955, cuando el joven pidió la intermediación del asesor espiritual de la familia, el padre Enrico Pozzoli. Éste lo escuchó, le aconsejó que rezara y dejara el asunto en manos de Dios. 

Con todo, los padres de Bergoglio querían esperar y que el mayor de sus hijos madurará aún más    la decisión de entregarse a la vida religiosa. Y así se hizo. Jorge Mario terminó sus estudios en química de la alimentación y siguió trabajando en un laboratorio un par de años más.

El seminario llegaría solo tres años después, cuando tenía ya 21 años. Según relata el libro “El Papa de la Misericordia”, Planeta, 2015, Jorge Bergoglio ingresó primero al seminario diocesano de Buenos Aires, pero muy pronto descubrió que quería seguir las enseñanzas de San Ignacio de Loyola y ser misionero. Pensaba en un destino desafiante para evangelizar: Japón.

Fue entonces cuando una severa pulmonía se cruzaría en sus planes. Superada la emergencia y como secuela se develaron tres quistes que derivaron en la extirpación del tercio superior del pulmón derecho. Desde entonces, debe lidiar con un deficiencia pulmonar que pone límites muy precisos a su capacidad física. 

El episodio dejó más que recuerdos dolorosos y cicatrices físicas. En esos días difíciles la única palabra que calmó y reconfortó su espíritu fue la de la hermana Dolores, una monja que lo había preparado para la primera comunión y que lo cuidó durante su recuperación. Ella le recordó el dolor padecido por Jesús y de alguna forma le mostró la forma correcta de asumirlo cristianamente.
 

En Chile

Según la biografía vaticana, en marzo de 1958 ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús y sus estudios de humanidades los completó en Chile. Aquí, donde estuvo por casi tres años, estudió Ciencias Clásicas; historia del arte, literatura, latín y griego. Lo hizo en la que hoy es la Casa de Retiro del Padre Hurtado, de la misma comuna, y que en los años sesenta era el seminario jesuita donde llegaban aspirantes a sacerdotes de toda Latinoamérica.

Sacerdotes que se formaron allí, contemporáneos de Bergoglio, comentan en una crónica periodística el régimen que ahí se imponía. Los novicios estaban separados por niveles y se mantenía esa distancia en todo momento; la jornada comenzaba a las 6 de la mañana, con duchas calientes solo un par de días a la semana. El silencio era la regla y se rompía sólo durante los recreos. También se comía en silencio, mientras un estudiante leía pasajes de la Biblia.  

Al regreso a su país en 1963, se licenció en filosofía en el Colegio San José de San Miguel, donde más tarde (1967-1970) también obtuvo la licenciatura en teología. En medio de esa formación, entre 1964 y 1966 fue profesor de literatura y psicología en el Colegio de la Inmaculada Santa Fe y del Salvador, en Buenos Aires. 

De su época de maestro, da cuenta en extenso la miniserie de Netflix. Uno de sus alumnos de aquel tiempo cuenta a los autores de “El Jesuita” el tipo de enseñanza que practicaba Bergoglio. Abierta a los intereses de los alumnos y donde “no había puertas cerradas” a sus inquietudes. “Elegía un autor y una época, pero si alguien prefería a otro del mismo periodo o incluso de uno diferente, los dejaba caminar”, relata él mismo. 

En ese afán por interesarlos por la literatura, incluso llevó al mismísimo Jorge Luis Borges a dar una clase, pues conocía a la secretaria del maestro. También logró motivar a los chicos a escribir un par de cuentos, que luego mostró al autor de “El Aleph” y éste no sólo alentó su publicación, hasta prologó el volumen. 

El mismo joven docente aprendía de cada experiencia. A ellos, sus alumnos, les agradeció en dicho libro “todo el bien que me hicieron, de manera especial, al obligarme y enseñarme a ser más hermano que padre”. 

Esos fueron algunos de los caminos recorridos, hasta que fue ordenado sacerdote a los 33 años, en diciembre de 1969. Cuando eso ocurrió, allí estuvo su madre para pedir la bendición de su primogénito. Y su abuela, quien le entregó una sentida carta, que aún conserva, que había escrito con mucha antelación por si ya no estaba cuando llegara aquel feliz día.

 

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Y estoy aquí no tanto para hablar yo sino para estar cerca de ustedes, mirarlos a los ojos, para escucharlos, abrir mi corazón a vuestro testimonio de vida y de fe.

Papa Francisco, Villavicencio, Colombia septiembre 2017


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